Visita al Museo del ACA

 

Hoy parecía un día común y corriente en la bella ciudad de Buenos Aires, pero para mi sorpresa, no fue así. Al sol radiante le acompañó una jornada que difícilmente se borre de mi memoria, porque conocí la sede y museo oficial del Automóvil Club Argentino que se encuentra en la Avenida del Libertador al 1800. Este edificio, fue inaugurado el 27 de diciembre de 1942, y como dato relevante, es que tiene vehículos de exposición en la planta baja y en el primer piso donde se ubica el museo. Cabe aclarar, que el ACA ya había sido fundado el 11 de junio de 1904 por Dalmiro Varela Castex ubicándose aquella primera sede en la calle Rodríguez Peña 178.

Ahora bien, lo que más me causó impacto, fueron además de los diferentes autos que marcaron la historia del automovilismo argentino, la de los grandes pilotos de nuestro país junto a las historias inéditas de los primeros autos en el mundo. En síntesis, un viaje a la historia grande de este deporte.

La planta baja del imponente edificio, aclaro, ya había despertado gratamente mi interés, donde además de poder ver los autos de exhibición o colección, se puede también leer su rica historia, cómo es el caso, de la emblemática marca italiana FIAT (Fábrica Italiana Automobili Torino) y que se caracterizaban por su rapidez.

Pero lo más increíble que me pareció, fue la historia del Daimler 1914, que fue un automóvil pedido por el presidente del país de aquel entonces, Roque Saénz Peña, quien nunca logró utilizarlo, ya que para cuando llegó al país éste había fallecido. Su sucesor, Victorino De la Plaza lo vio como muy ostentoso y caro para un presidente por lo que decidió subastarlo siendo comprado en el remate por José Roque Naveira en 1917.

Antes de subir al primer piso, al costado del ascensor, también se encuentran unas simpáticas motos amarillas, las Gilera- macho de 1976-, que eran utilizadas en los “70 para auxilio y emergencias. Más específicamente, se las utilizaba para prestar todo tipo de servicio rápido y fueron muy empleadas en el interior del país.

Una vez en el ascensor, camino al primer piso, mi sensación principal era de intriga de lo que iba a observar al llegar al museo. Cuando bajé, y una vez en el hall, observé escritos y dibujos de los comienzos del automovilismo en la Argentina. Sin dudas, lo que más me impactó fue enterarme que el Anasagasti fue el primer auto argentino, y que llevó el nombre del ingeniero que lo creó, quien a la vez fue un pionero de la ingeniera automotriz nacional a fines del siglo XIX.

                                               El museo

El mejor momento del día había llegado. Encontrarme con tanta historia, corredores consagrados, escuelas formadoras de ingenieros mecánicos, campeones, posters memorables y autos que marcaron una era, es difícil de describir las sensaciones que uno siente por dentro.

Pero no me quiero precipitar, es hora de hacer una breve recorrida por el museo. Allí, se pueden ver fotos de los autos que ganaron a lo largo del Gran Prix y luego Fórmula Uno. Campeones de antes, como el caso de los memorables Juan Manuel Fangio, Alberto Ascari, Jim Clark, pasando también por figuras tales como Alain Prost y el gran Ayrton Senna para por fin encontrarnos con corredores consagrados de los últimos tiempos; Michael Schumacher, Damon Hill, Nelson Piquet, entre otros.

Un sector que disfruté, -que le recomiendo a cualquier “fierrero” de buen paladar-, es donde se encuentra la Ferrari 166; vehículo que estaba constituido con doce cilindros en V y que utilizó Fangio en los Grandes premios Internacionales de 1949 y 1950, en un total de 18 carreras y donde ganó 9 de ellas. A su lado, se encuentran los Brabham BT 30 y 36 de la Fórmula 2, y la moto que utilizaba para moverse por los boxes el gran corredor santafesino, Carlos “Lole” Reutemann. Sin dudas, su paso por esa categoría fue su gran presentación ante el mundo y sobretodo, cuando en 1971 logró el subcampeonato detrás del sueco Ronnie Peterson.

Ya en el corazón del Museo, se pueden encontrar otros autos emblemáticos como es el caso del Ford T. Este automóvil, fue lanzado al mercado el 1 de octubre de 1908, habiendo sido creado por el empresario y emprendedor Henry Ford, quien lo fue perfeccionando a través del tiempo, manteniéndolo a la venta hasta fines de la década del “20 cuando lo reemplaza por el Ford A. Con el Ford T, por su liderazgo en ventas, comenzó la era denominada FORDISMO.

Se suman a ella, otras historias más que interesantes de distintas marcas, como la de la emblemática Mercedes Benz, que tiene el honor de haber lanzado el primer automóvil de la historia en 1886, conocido como el “Daimler- Benz Pattent Motor Wagen”, que resultó ser un prototipo de tres ruedas con una sola marcha y con un motor funcionaba con gasolina, que años años después, sacaron una nueva versión ahora con cuatro  ruedas y con dos marchas, que alcanzaba una velocidad máxima de 22 Km/h.


Quiero agregar, que también en ese pasillo, se encuentran autos para todos los gustos, rurales, de ciudad, de carreras, de glamour, y lo mejor de todo, es que cada uno de ellos tienen su historia y protagonistas diferentes.

Parece que este relato estaría llegando a su fin. Pero no, tengan paciencia estimados lectores, que todavía queda un poco de tela para cortar. Quiero referirles sobre uno de mis momentos favoritos de esa visita, y que fue, al encontrarme con esas impactantes y sorprendentes pinturas de corredores de los años “50 junto a los respectivos pasajes de carreras por los circuitos. Por ahí corrían Ascari, Fangio y tanta historia que es imposible no detenerse y apreciarlos con los ojos bien abiertos, ubicándose enfrente de ellos, un recorte periodístico de cuando el mítico arrecifeño Froilán González a bordo de su Ferrari 375 ganó el Gran Premio de Gran Bretaña de 1951, en lo que no fue un triunfo cualquiera, sino que se convirtió en la primera victoria de un piloto de Ferrari en la Fórmula 1 imponiéndose a las casi imbatibles hasta ese momento “alfettas” de la escudería Alfa Romeo.

Y ahora sí, la recorrida por dentro del museo llegaba a su fin, pero por último y ya en el playón me aguardaban estacionadas las grúas intactas del ACA y la moto de auxilio.

Como reflexión final, puedo decir, que, ya pasadas las horas, lo de hoy fue una visita fantástica, y por esa razón, es que le sugiero a cada amante del automovilismo, no se pierda de conocer este lugar. Sin dudas, se trata de un sitio que vale la pena conocer y recorrer.

PD: Visita realizada el lunes 28 de marzo de 2022.

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