EL CRUCE EN PRIMERA PERSONA

 El Cruce de los Andes: edición 2021


“Para algunos la meta es terminar entre los primeros, para otros, lo primordial es llegar”.

Si tuviese que describir brevemente lo que es “El cruce” mi definición sería la siguiente: “prueba de trail donde el atleta (en su mayoría amateurs) lleva a su físico al límite frente a distintos obstáculos: cumbres de cerros, arroyos, gran cantidad de kilómetros, cortes (por fortuna, no tuve inconvenientes con ellos).
Ahora bien, como introducción en esta edición formé parte del grupo 2 (él cual transcurrió entre los días 3 y 5 de diciembre) y tuvo un trazado final de 79 kms. 
El primer día tuvo 28 kilómetros de recorrido. Allí, el objetivo principal fue el ascenso a la cumbre del Cerro Bayo, a unos 1.750 metros de altura sobre el nivel del mar.
El segundo día de competencia, si bien no recuerdo bien el recorrido, era un trazado con menos altimetría (1100 metros). Donde predominó la zona boscosa, las subidas técnicas y un pasaje por ruta hasta llegar al comienzo de la subida del “brazo escondido".
Por último, para coronar un buen fin de semana de trail running en la montaña, los organizadores de la carrera nos informaron que la 3era y última etapa se reduciría a 23 km y tendría como punto culmine el filo del cerro O’connor (el cual se encuentra a unos 1.850 metros de altura aproximadamente).

Lo que viví
Dicho todo esto, comenzaré a desmenuzar de manera sintética mis impresiones y sensaciones de esta gran experiencia. Lo bueno y lo malo. Comencemos.

Día 1:  Ese viernes me levanté con un entusiasmo poco frecuente en mí, a mi lado mis padres. Por cierto, sin ellos difícilmente hubiese logrado terminar esta carrera y vencer muchas otras dificultades que se me presentaron en mi vida.
Ahora bien, se acercaba el horario de largada y faltaban los últimos detalles. Era un mundo de personas, todas desconocidas hasta que… me encuentro con caras que me resultan familiares. Primero, Leonardo E. y Claudia P. a quienes les voy a estar eternamente agradecido por su cordialidad y recomendación de llevar los bastones durante las tres etapas. Ellos, largaron la competencia al día siguiente, y por suerte les fue bien. La otra persona que encontré en el arco de largada fue a Roxana P. a quien le tengo un gran estima. Tanto fue así, que la carrera nos llevó a encontrarnos y coincidir en varios pasajes de la misma.
Después de tanta espera y entrenamientos consumados durante el año, la hora de la verdad llegó.
Los primeros kilómetros fueron de suma tranquilidad. Caminé mucho de manera constante y trote en los lugares que creía conveniente. La cabeza en este tipo de pruebas es preponderante, y más cuando sos una persona inexperta en este tipo de carreras, como era en mi caso.
El primer descanso, necesario, se dio en el kilómetro 7.7 en el oasis (puesto de comida y rehidratación). Allí, fue una parada de 5 minutos.  Había una banda de música clásica que sonaba bien pero mi foco de atención estaba puesto en otro lado. Una lástima porque esto hizo que no lo pudiera apreciar.
Luego de seguir subiendo y algunas complicaciones en la subida, llegó uno de los momentos más lindo y satisfactorio del día: la cumbre al cerro Bayo. La cual pudimos disfrutar con Ro durante un lapsus breve de tiempo, porque parecía en el cielo, que se avecinaba una tormenta; que por fortuna fue solo un amague.
A partir de ese momento fuimos todo en bajadas pronunciadas, para luego derivar en la ruta. Posteriormente desembocamos en el río Correntoso.

Una mala estrategia
 Creo, y a modo de reflexión que en esos últimos 15 kilómetros gasté muchas energías, de forma innecesaria. Fue divertido, pero ahora a la distancia, veo que en ese momento fue una mala estrategia.
Luego de casi 6 horas de esfuerzo llegué al campamento número 1, el cual era en un camping sobre la playa. 
Lo primero que hice en el mismo, fue ordenarme, ser meticuloso y no dejar ningún detalle sin resolver. Admito que la vida en campamento no me resultó fácil en lo más mínimo, pero, es verdad que pude sobrellevarla de gran manera gracias a mi fuerza de voluntad, la ayuda permanente y amable de los voluntarios y otros colegas corredores que en ese momento, con respeto, fueron amables conmigo.
Para finalizar el día: 20:15 horas un buen plato de fideos, tratar de dormir y por último pensar cual sería mi estrategia para el día 2.

Día 2: El sábado me levanté con cierta dificultad, el cansancio físico y mental se me hizo cada vez más tedioso. Sin embargo, me puse a pensar en positivo y seguir con vistas hacia adelante.
Luego de unas horas despierto, cada vez se hizo más inminente el horario de largada (pactada para las 9 aproximadamente).
Nuevamente en el arco de largada nos encontramos con Ro. Por cierto, fue muy agradable compartir con ella en las distintas etapas y momentos en los campamentos.
Ahora sí, hora de largar: Ese día mi compañía principal fue la música. En ese momento, de bloqueo me sirvió mucho para distraerme y observar el inmenso bosque que me toco atravesar.
 Luego de pasar la zona boscosa, parte de un lago donde el agua llegaba hasta la cintura (un gran alivio porque el sol estaba al acecho) y una subida técnica que me consumió las piernas, desembocamos en 3 o 4 kilómetros eternos de ruta. Fue allí, que me di cuenta que ya prácticamente no podía correr más, quizás un trote, pero muy suave.
En esos kilómetros entendí lo afortunado que era en poder estar disfrutando ese momento.Decidí frenar un instante y ver el paisaje desde un mirador con vista al lago con sus distintos colores y planchado. Ese momento lo épor siempre.
Pero, volviendo a la carrera, quedaban los últimos kilómetros de la etapa, el lugar la huella de un sendero, al cual no recuerdo el nombre. Subidas y bajadas eran el común denominador de ese pasaje. Después de 5 horas con 30 minutos pude por fin terminar una etapa más que complicada. El objetivo estaba cada vez más cerca.
Nuevamente la vida en campamento. Fue un gran día, pese a los calambres y endurecimiento de músculos de manera constantes.

Esa tarde la disfrute mucho. Charlas con otros corredores, voluntarios, momentos distendidos en la arena, en fin, una buena jornada.
Pero no todo fue color de rosas, aparecieron las dudas ya a que al día siguiente había que subir a 1.850 metros de altura. No sabía si estaba en condiciones de poder largar. 
Sin embargo, antes de que anochezca tome la acertada decisión de no bajarme y seguir. Fue muy importante las charlas con Claudio C. , un gran corredor y persona. También quiero mencionar de manera especial al staff de la carrera, con quienes tuvimos una fructífera conversación de 10 minutos, la que me aclaró de manera sustancial el panorama.
Dicho todo esto, me fui tranquilo a dormir y por unas horas traté de olvidarme los dolores corporales y poner la cabeza en off. 
El último desafío

Día 3: A esa tercera y última etapa me levanté con un gran entusiasmo. Sabía que de hacer bien las cosas tendrían más posibilidades de lograr mi objetivo: llegar a la meta.
A diferencia de los otros días, la etapa comenzó más temprano, por eso antes de las 5 a.m ya había movimiento en los alrededores de las zonas de carpa.
Pese al buen ánimo que tenía, más específicamente después del desayuno, los nervios aparecieron de un modo intenso, a tal punto que se me cerró el estómago. Este percance lo único que produjo en mi fue fortalecimiento. No tenía ganas de abandonar por eso reuní paciencia y traté de ponerle paños fríos al asunto.
Aproximadamente a las 7 a.m y tras una leve subida nos esperó una combi que nos dejó en Bahía Manzano (sitio donde comenzaba oficialmente la etapa).
Ahora sí la espera terminó.
 Se largaba la tercera y última etapa que tenía como punto culmine el filo del respetado cerro O’Connor de más de 1.800 metros de altura.
Los primeros kilómetros fueron subidas, por calles de tierra, en sus costados pobladas y con sombra. Por cierto, ese día se anunciaba mucho calor y ese pronóstico fue acertado. Físicamente me sentí con energías hasta el comienzo de la subida al cerro. A partir de ese instante comencé a utilizar las reservas.
Hubo momentos cerca del filo, en donde la cabeza me iba más rápido que lo físico. No podía creer que había llegado hasta ahí trepando rocas, pasando de un filo a otro, superando temores, como cuando volaba cerca nuestro el avión de la carrera, en ese momento llegué a ponerme atrás de una piedra, porque eso me puso muy nervioso. En fin, superado todo ese momento me motivé y sabía que el objetivo estaba más cerca que nunca.
Superado los filos, se venía la zona de bosque donde por cierto había un sol fulminante. Pasaron los kilómetros y por fin llego el oasis. Allí, a recobrar fuerzas, un vaso de Coca Cola (por las azúcares) y un vaso de Gatorade. La parada fue breve, pero fundamental para encarar de la mejor forma posible los últimos 6 kilómetros.
El cansancio era notorio, las piernas y la mente cada vez me respondían peor, era seguir y pensar en que en la meta me encontraría con mis padres.
Cuando la llegada era inminente, guardé las lágrimas de emoción (de hecho, hasta el día de hoy me cuesta tomar dimensión de este gran logro personal), aunque eso no significó, que por dentro estaba con una felicidad inmensa.
Los últimos metros de este tipo de carreras es muy difícil de explicar, lo tienes que vivir. Llegar a ese momento es el premio a muchas horas y meses dedicadas al deporte. Hay una imagen que jamás olvidaré de este Cruce 2021: mi padre aplaudiendo y reconociendo a gente mayor finalizando esta exigente prueba deportiva. Una clara demostración de vitalidad, digno de respeto y porque no de admiración.
Por otro lado, sería injusto, no nombrar a mi madre. Con la cual tengo un vínculo muy especial. La verdad que su presencia en este viaje, que comenzó en Bariloche, fue muy importante y por dentro me ayudó a liberar tensiones previas a la carrera.

Cierro esta crónica agradeciendo a todos aquellos que forman parte de mi vida: mi familia la cual me acompaño en esta gran aventura y me acompaña en la vida, los entrenadores ya sea de running, tenis, gimnasio o pilates, afectos de distintas áreas y por último un gran afecto a mis colegas de running que me hacen sentir como uno más.



Comentarios

  1. Te felicitoPedro!!!cuando querer es poder!Sos una demostracion de esfuerzo y dedicacion!!Excelente nota, digna del gran periodista que comenzo a aparecer

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  2. Felicitaciones Pedro, excelente descripción de tu aventura, en primera persona. Que seas el protagonista le da un doble valor de testimonio y crónica. Bravo!

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  3. que gran experiencia y que relato! Cuanta admiracion siento por vos.
    Felicidad por cada desafio superado. Sos enorme! Te quiero

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