Un gigante que se quiere despertar
Un dato de color de este último anillo, fue que contaba entre sus filas con Phil Jackson, quien después de su retiro se convertiría en el entrenador más ganador de la historia de la NBA.
A partir de allí, el conjunto de la Gran Manzana ingresó en una nebulosa y mediocridad en su desempeño en la Liga, hasta que llegó el draft 1985, y la confianza de revertir ese mal momento se hizo enorme cuando los Knicks lograron el pick número 1 de esa edición. El objetivo era claro; hacer que el equipo fuera nuevamente competitivo y otra vez un aspirante al título.
El elegido en esa oportunidad fue el nacido en Jamaica y luego nacionalizado estadounidense, Patrick Ewing. Un pívot con un gran talento, aguerrido y gran despliegue, tanto en el aspecto ofensivo como el defensivo y que se convirtió en una de las piezas claves para que la afición volviese a creer que obtener el anillo era nuevamente posible.
De hecho, el año que más cerca estuvieron de alcanzar la gloria fue en 1994 cuando luego de 21 años accedieron a las finales aprovechando el retiro de Michael Jordan como jugador de baloncesto. Por eso, sabiendo los Knicks, la ausencia de ausente la columna vertebral de los Bulls esta era su gran oportunidad ya que el trono estaba vacante.
En la plantilla de NYK se destacaban tres jugadores por sobre el resto: 1) Patrick Ewing: dueño de los tableros (rebotes) y puntos en la zona pintada 2) John Starks: un jugador con gran coraje y talento y 3) el temperamental Ala pívot Charles Oakley siempre presente y a disposición del equipo, dirigidos por el legendario entrenador Pat Riley.
Lo que más se recuerda de aquel equipo es la serie de playoffs frente a los Bulls liderados en cancha ahora por Scottie Pippen y la final por el anillo contra Houston Rockets, quienes lograrían el campeonato con un 4 a 3 final que tuvo a un Hakeem Olajukon como figura y MVP Finals.
El equipo de Riley, Ewing y compañía sabían que había dejado pasar una oportunidad inmejorable.
Otra gran gesta del equipo neoyorquino se dio en el año 1999, último año en que la franquicia accedió a las finales. En dicha oportunidad, ingresó a los playoffs por la puerta de atrás ya que finalizó la temporada regular en el octavo lugar con un récord de 27 victorias y 23 derrotas, siendo el único caso en la historia de la NBA en acceder a la instancia definitoria luego de terminar en esa colocación en su conferencia.
Para desgracia de los Knicks, no hubo hazaña ya que en las finales fueron superados por 4 a 1 por los San Antonio Spurs liderados en cancha por esa gran dupla de internos que fueron Tim Duncan y David Robinson. Para colmo, Pat Ewing no pudo disputar ni un solo minuto de las finales ya que en la previa del tercer final de conferencia frente a los Indiana Pacers se desgarró el Tendón de Aquiles.
Por último, y para cerrar este capítulo, merece una mención especial el alero Latrell Sprewell quien había llegado a la franquicia procedente de Golden State Warriors, y el cual poco a poco, se convirtió en uno de los más aclamados jugadores en el Madison, al punto que cerró esos playoffs con un promedio de 20,4 puntos, 4,8 rebotes y 2,2 asistencias por partido.
De allí en más, los Knicks poco a poco comenzaron a caer en decadencia hasta convertirse en un equipo de mitad de tabla, y que si llegaba a la postemporada, no fuera considerado como un equipo de alto riesgo. De hecho, desde el 2000 a 2010 solo pudo acceder a playoffs en dos oportunidades, y donde, en ambas, fue eliminado en primera ronda.
En el 2011, doce años después de las finales contra los San Antonio Spurs, arribó a los Knicks Carmelo Anthony, un excelente tirador a distancia y de una gran envergadura física que se convirtió en uno de los grandes artífices de que volviera la alegría y buenos ánimos por un tiempo en el Madison Square Garden, y donde, antes de caer otra vez en desgracia el equipo de New York, vio un rayo de luz al final de camino cuando logró clasificarse a los playoffs en la temporada 2012-2013, oportunidad en que cayeron en las semifinales de Conferencia Este contra los Indiana Pacers liderados en aquel momento por el hábil perimetral Paul George en una serie que terminó 4 a 2.
Tras ello, fueron pasando los años y las cosas en los Knicks no cambiaron, hasta que, en la temporada 2020-2021 el equipo de la Gran Manzana liderado en cancha por el all-star Juluis Randle, demostró una notoria mejoría junto a jóvenes como Quickley, Barrett y el interno Obi Toppin, demostraron movimientos interesantes y ganas de triunfar de cara al futuro. Uno de los aspectos más destacables de ese equipo fue su capacidad para defender y dejar a su oponente con un goleo bajo.
En esa temporada, los Knicks contra todos los pronósticos logró clasificar después de ocho años a los playoffs, y si bien no logró pasar la primera rueda ya que perdieron por un categórico 4 a 1 frente a los sorpresivos Atlanta Hawks de Trae Young, Clint Capela y compañía, la serie mostró dos caras totalmente opuestas; por un lado, a los Hawks como un equipo con confianza, liderados por un descomunal Trae Young en ofensiva y Clint Capela en defensa y la pintura, mientras en la otra vereda, un desgastado y casi vencido NYK que poco pudo hacer frente a un rival que lo superó en todos los aspectos, pero en especial, mentalmente.
Conclusión: Para esta temporada 2021-2022 el equipo dirigido por Tom Thibodeau quiere regresar a los playoffs, y para ello, contrató a dos perimetrales de peso como los son Evan Fournier y Kemba Walker, ambos provenientes de la franquicia Boston Celtics. Después el roster es casi el mismo, a excepción del talentoso escolta Reggie Bullock quien fue transferido a los Dallas Mavericks.
En fin, comenzó una nueva temporada de la NBA, este año, la del 75 aniversario, con una única pregunta que me surge sobre esta franquicia: ¿Podrán los Knicks renacer?
Eso está por verse. Bienvenidos al show.
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