Gestos y actitudes en el tenis
Las actitudes cotidianas por lo general definen como nos paramos los seres humanos frente a la vida. No obstante, en el circuito ATP de tenis encontramos jugadores con comportamiento destacable y otros deplorable.
En el primero de los casos, el primero que se me pasa por la cabeza es el actual número 1 del mundo, el serbio Novak Djokovic, quién días atrás, perdió en la final del US Open (cuarto y último Grand Slam del año) frente a una muralla como lo es el ruso Daniil Medeevev. En fin, más allá del resultado, es relevante destacar la actitud del número uno en todo momento. No es fácil jugar siempre con estadio en contra, pero el nacido en Belgrado ha demostrado y sigue demostrando que es un competidor y que esta acostumbrado a jugar con presión.
Por
otro lado, hay otros jugadores que con su accionar dejan mucho que desear y de
cierta manera van en contra de los principios caballerescos de este deporte.
Los dos máximos exponentes en este apartado son: el australiano Nick Kyrgios y
el francés Benoit Paire. Sin lugar a dudas, dos auténticos “Bad Boys”.
Del
primero, se puede decir que es uno de los jugadores más talentosos de esta
nueva generación, pero realmente, lo que irrita es su displicencia para jugar y
la constante falta de respeto para con sus rivales y árbitros. Un claro ejemplo
de esta situación, es cuando se dispone a sacar de abajo, qué a mi entender, -como
una simple y humilde opinión- debería estar prohibido en el circuito
profesional a ese nivel.
Otro aspecto que me llama la atención, es su
soberbia y liviandad a la hora de declarar ante el periodismo. Quizás el caso
más emblemático y polémico se vivió en Wimbledon 2019 cuando deslizó ante la
prensa que la noche anterior a jugar con Rafael Nadal decidió irse de fiesta.
Dicho sea de paso, quien ganó ese partido fue el balear.
A
modo de conclusión, se puede decir, que las buenas conductas y los buenos
modales, tanto en la vida como en el deporte, traen beneficios y nos
gratifican, mientras las malas actitudes, a la larga o a la corta, siempre tendrán
un resultado negativo cuando se transformen en una práctica habitual.


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